<<
En un mundo donde hasta el tiempo se ha mercantilizado, caminar es hoy el último acto de resistencia en nuestra condición de seres humanos.
El consumo ha puesto en duda el valor de la memoria histórica y la gentrificación, por su lado, ha desplazado a los habitantes fuera de sus propios barrios; así la ciudad se ha transformado en objeto de consumo para turistas y curiosos que registran todo a su paso en la cámara de su celular sin detenerse ni observar con verdadera atención, mientras sus propios habitantes, bajo el yugo del tiempo y la productividad, usan la ciudad sólo como una excusa transitable para llegar de un sitio a otro.

La figura del flâneur -- o “observador apasionado” como diría Baudelaire – se hace urgente.

Si consideramos el acto de caminar como un titubeo constante, una caída potencial que se evita solamente por el adelantamiento de una pierna sobre la otra repetitivamente, a nivel metafórico entonces caminar es un constante titubeo donde el individuo establece relación con su entorno, habita y construye esta relación, apropiándose del espacio a cada paso.

Es así como se descubre una ciudad; como un objeto epistémico que exige lentitud, desplazamientos sin medios automatizados, fluir en una temporalidad ajena a la dictadura de los relojes y las pantallas, que fomenta un vínculo más profundo con el
La ciudad habla en voz baja.
Nadie parece escuchar.
SANTA MARÍA DEL BUEN AYRE
paisaje urbano y contrapone su ritmo de vida pausado al enérgico exilio del espacio público.
Así, el caminante contribuye a la construcción de subjetividades críticas y sensibilizadas con el entorno, desde donde se propicia la creatividad, no vista sólo desde la estética, sino una creatividad en sí misma como forma de habitar el mundo.

El flâneur no es sólo un caminante que deambula sin destino por la ciudad, si no más bien se relaciona con quien posee la capacidad de reflexionar sobre el curso social de la historia, observar las versiones excluidas por la cultura dominante y contemplar la experiencia urbana y sus consecuencias sobre sus propios habitantes.

Caminar por la Santa María del Buen Ayre es y será un acto re(b)olucionario, sí, con B, ya que también seguirá siendo sinónimo de rebeldía.