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DECLARACIÓN
En la antigua Roma existieron sacerdotes que practicaban la adivinación mediante la observación del vuelo y el canto de las aves. Eran los Augures, quienes ante su enigmática existencia, los hicieron mensajeros de un algo cuyo descifre aún se nos escapa.
Desde muy pequeña y gracias a mi madre, adopté el misterioso hábito de observar pájaros.
Aprendí que el canto de los queltehues anuncia la lluvia en los días nublados, reconocí el silencio que advierte la presencia del tiuque en las alturas y que las golondrinas, por ocio y deleite, planean entre corrientes de aire sin siquiera aletear. Sin embargo, también descubrí que todos los pájaros ante la muerte deciden esconderse a fin de desaparecer. ¿Qué misterio hace que una de las formas errantes más hermosas del universo desaparezca sin dejar rastro?
Con el tiempo, observar pájaros provoca una metamorfosis en el observador. La mirada, el oído y la memoria se agudizan, mientras el cuerpo se vuelve ligero, sutil, casi levitante mientras intentas no emitir sonido alguno en su presencia.
En una tensión no resuelta entre el estar y el no estar, nuestra figura habita el silencio de la observación y se confunde en la naturaleza terrestre y aérea de los pájaros.
Ellos, serenos observadores de las alturas y conscientes vigías en lo terrestre, se develan como un territorio nómada que aún no ha terminado de configurar su forma de estar en el mundo.
Esta misma dualidad, irrumpe en los límites imaginantes del observador que en su mimesis habita las grietas de lo ausente desde donde ofrece una resistencia a la inercia frenética y proclama el vuelo de una mirada ascética.
Mientras una sedentaria ambición por la velocidad y la inmediatez devela el abismo de lo inminente, mis intuiciones se despliegan en corrientes que (des)dibujan la búsqueda melancólica del paisaje, surcan el vértigo de un salto al vacío, caen en el silencio polifónico de la memoria y se elevan en desvíos que gravitan las fronteras trágicas de lo real desde donde un paisaje posibilitante se vislumbra ante la incertidumbre de un alma que vibra entre la belleza y el espanto. Dejando al descubierto un vuelo siempre en vías de formación.
Hasta el día de hoy si un pájaro decide desaparecer en mi camino, sagradamente busco el refugio donde su inesperada fragilidad pueda remontar vuelo otra vez.